RETABLILLO DE NAVIDAD



Retablillo de Navidad

De su esposo en compañía
soñolienta y fatigada,
por ver si les dan posada
toca en las puertas María.
Él le dice “esposa mía,
ten calma, vamos a ver…
nos abrirán al saber
que te encuentras en estado
y un lecho busca prestado
tu Niño para nacer”.

Pues tiembla la Virgen bella,
él se quita en el camino
su paltocito de lino
para ofrecérselo a ella.
“Vaya mi linda doncella
con este mango abrigada”
dice con gracia forzada
mientras siente las diabluras
que hace el frío en las roturas
de su franela rayada.

De portón van en portón
suplicando humildemente
y en todos les da la gente
la misma contestación
“esta casa no es pensión”
o “cuánto van a pagar…”
y en uno que otro lugar
hay quien al ver a María
dice alguna picardía
para hacerla sonrojar.

Qué pobrecitos que son,
qué pena tan sin alivio,
todos tienen lecho tibio
pero nadie corazón.
De cansancio y aflicción
la Virgen se echa a llorar
y torna triste a mirar
que en la noche alta y desierta
la luna es como una puerta
que se abre de par en par.

A la casa de un pastor
van por fin José y María,
solo piden hostería
para que nazca el Señor.
Pero hay allí tanto amor
por los buenos peregrinos
que la pastora sus linos
abandona en el telar
y al punto les va a buscar
cuajadas, panes y vino.

Ya la Virgen tiende el manto
sobre la hierba olorosa
ya como delgada rosa
se dobla su cuerpo santo
y a través de un claro llanto
los ojos del buey la ven
llora el Niñito también
y la historia nos relata
que una estrella de hojalata
brilló esa noche en Belén.

MRS. DOUBTFIRE O PAPÁ POR SIEMPRE




Por: Zunemig A. Pérez


Texto publicado en la revista:  Arte de leer 2012

Quién podría imaginar que la alegre y encantadora película dirigida por Chris Columbus y protagonizada por Robin Williams: Mrs. Doubtfire (1993), presentada en Latinoamérica bajo el nombre de: Papá por siempre, pudiese ser la adaptación de algún  libro infantil. La autora de esta novela juvenil: Anne Fine, es una profesora de origen ingles dedicada a escribir desde el año 1977, luego de abandonar sus actividades en una organización dedicada a recaudar fondos en contra del hambre en el mundo y dedicarse al cuidado de sus hijas. Su obra se centra en el tema de las relaciones familiares, el niño y su espacio dentro de la familia contemporánea.
La película ganadora de varios premios llama la atención no sólo del público infantil y juvenil, sino de los adultos que, por primera vez, contemplan en una cinta  la figura de un padre al borde del fracaso, vistiéndose de señora para no dejar de ver a sus hijos todos los días. Tanto en el libro como en el largometraje se presenta el rol de padre como pieza fundamental en la vida de los hijos,  igual que el de la madre. Quizás valiéndose de esta realidad familiar el director de la película Chris Columbus al comienzo del film destaca un pequeño epilogo dirigido a los niños, hijos de padres divorciados, que dice: “el que papá y mamá ya no se quieran, no significa que no te quieran a ti”, bajo esta premisa se concentra el drama de ambas obras. Más allá del film de moda, en donde el dramatismo de las relaciones humanas se suceden como la base de todos los acontecimientos, los protagonistas de Mrs. Doubtfire muestran que muchas veces el divorcio en vez de convertirse en el fin de la familia, se vuelve una realidad sustancial que en muchos casos, y después de un período de resignación, constituye la llave hacía la paz y el respeto de cada uno de sus miembros.
En una entrevista para la revista Babar (2005) la autora del libro señala: “tanto Sally Field como Robin Williams son tan majos en la película que resulta imposible entender por qué se están divorciando. Las películas no te lo dicen todo sobre los personajes, sus motivaciones, sus relaciones… si pudieran nadie leería mas”.  La manera en que se relacionan los padres en la novela esta descrita con más crueldad, con más fuerza, tanto que a veces suele resultar amenazante.
Algunos podrán afirmar que estos temas son muy complejos para un niño, y que los autores de libros infantiles deberían abordar sólo temáticas lúdicas, sencillas, de fácil procesamiento. La mente infantil entiende el variado universo que le rodea, y autores como Anne Fine lo apuntan en sus libros con un estilo propio, acompañado de grandes dosis de humor e inteligencia.
Muchas adaptaciones de libros infantiles llevadas al cine, igual que todas las que se generan a partir de la lectura de un texto literario, tienen una particular motivación: El gusto por la obra, o la admiración ante un determinado autor. El caso de Mrs. Doubtfire no es la excepción,  recuerda Anne, que en una oportunidad el director le pregunto si había algo que pudieran hacer para lograr un buen largometraje, “…y yo me sentí como en los cuentos de hadas cuando dicen “padre, tráigame una rosa roja” y le dije: “por favor, no hagas a los niños terriblemente malos”, y yo creo que eso es parte del éxito de la película”. (Revista Babar 2005).
En el libro así como en todos sus textos, los niños protagonistas de las historias leen, y en Mrs. Doubtfire se mantiene esta esencial función, la relación entre los niños y su niñera se fortalece cada noche antes de la despedida, con cada cuento. Cada historia los acerca al padre que ya no vive en casa, los hace imaginar que bajo aquel cuerpo de abuelita una voz varonil toma lugar para velar sus sueños, cuidarlos y amarlos, como lo haría papá. La reciprocidad, entre lo escrito en la novela y lo que se deja ver en la película, constituye la base para el éxito que ambas obtuvieron, tanto en el ámbito cinematográfico, una nominación al Oscar y otra al Globo de Oro como mejor comedia y mejor actor Robin Williams; así como en el ámbito editorial, con numerosas traducciones en varios idiomas, otorgándole a su autora el reconocimiento y prestigio internacional.
El final de la novela y el de la película dan pie a múltiples lecturas, no se queda con la visión de la reconciliación como cura para todos los males, al contrario termina mostrando el respeto y la admiración que nace entre dos personas después del divorcio,  así como las múltiples y posibles maneras que tenemos para relacionarnos con nuestros afectos. Vale la pena leer el libro, porque como anteriormente decía la autora, es más explicito, más intimo. La película es conmovedora, con un guión exquisito, con interpretaciones pulcras, más que efectismo el personaje de Doubtfire logra transmitir la naturaleza de un padre capaz de convertirse aparentemente en otra persona por el sólo hecho de estar junto a sus hijos.  Aunque las críticas se hayan basado en aspectos moralmente irrelevantes como el travestismo, la trama supera todos los dogmas y tradicionalismos presentes en algunas sociedades. Cuestiona aspectos legales concernientes al régimen de visitas y patria potestad de los hijos.  Pero deja claro que muy a pesar de las diferencias el amor hacia ellos es lo más importante, más allá de cualquier sentencia. Por esta razón la madre tanto en la película como en el libro cede su posición ante la conducta del padre y accede a que vea a sus hijos todos los  días. Un libro para entender a nuestros hijos, una película para entender a los padres, la familia como sustento de la vida, como savia que alimenta los más nobles y tiernos sentimientos.

 Título: Mrs. Doubtfire
Autor: Anne Fine
Editor: ALGAR EDITORIAL (21 de enero de 2010)
Colección: Calcetín
Tapa blanda (reforzada): 192 páginas
10.000 ejemplares
Precio: 9 Euros




"El hombrecito verde y su pájaro"




El hombrecito verde de la casa verde del país verde tenía un pájaro.
Era un pájaro verde de verde vuelo. Vivía en una
jaula verde y picoteaba verdes verdes semillas. El
hombrecito verde cultivaba la tierra verde, tocaba
verde música en su flauta y abría la puerta verde de
la jaula para que su pájaro saliera cuando tuviera
ganas.
El pájaro se iba a picotear semillas y volaba verde,
verde, verdemente. Un día en medio de un verde
vuelo, vio unos racimos que le hicieron esponjar las
verdes plumas.
El pájaro picoteó verdemente los racimos y sintió una gran alegría color naranja. Y
voló, y su vuelo fue de otro color. Y cantó, y su canto fue de otro color.
Cuando llegó a la casita verde, el hombrecito verde lo esperaba con verde sonrisa.
–¡Hola, pájaro! –le dijo.
Y lo miró revolotear sobre el sillón verde, la verde pava y el libro verde. Pero en
cada vuelo verde y en cada trino, el pájaro dejaba manchitas amarillas, pequeños
puntos blancos y violetas.
El hombrecito verde vio con asombro cómo el pájaro ponía colores en su sillón verde,
en sus cortinas y en su cafetera.
–¡Oh, no! –dijo verdemente alarmado.
Y miró bien a su pájaro verde y lo encontró un poco lila y un poco verde mar.



–¡Oh, no! –dijo, y con verde apuro buscó pintura
verde y pintó el pico, pintó las patas, pintó las
plumas.
Pero cuando el pájaro cantó, no pudo pintar su canto.
Y cuando el pájaro voló, no pudo pintar su vuelo.
Todo era verdemente inútil.
Y el hombrecito verde dejó en el suelo el pincel
verde y la verde pintura.
Se sentó en la alfombra verde sintiendo un burbujeo por todo el cuerpo. Una
especie de cosquilla azul.
Y se puso a tocarla flauta verde mirando a lo lejos.
Y de la flauta salió una música verde azul rosa que hizo
revolotear celestemente al pájaro.

Texto de: Laura Devetach.


En el artículo 29 de la Convención Internacional sobre los
Derechos de la Infancia dice que la educación tiene que servir
para ayudarte a crecer en una sociedad libre, donde estés en
condiciones de crear, soñar, inventar, descubrir, elegir...
Solamente si tenés la oportunidad de elegir, de equivocarte y
aprender podrás ser una persona independiente.



La educación debe ser la herramienta que convierta y transforme al hombre. Sin ataduras, en plena libertad de pensamiento. (Por una verdadera educación liberadora en Venezuela.)

Valiente

Ilustración de Mónica Carretero



Valiente descubre el mundo en su bici de una rueda, pedalea más que el viento por las calles de la vereda. Un sueño mueve la bufanda con cadencia marinera, el llanto de la mandrágora no enmudece a la gacela.  Remonta costas y montañas con su esperanza de ultramar. Roza el cielo su risa junto al alcatraz y en una pequeña nube se detiene a descansar. Señala con su dedo cuando quiere jugar, dice mami mirando a los ojos, voltea y luego un beso me da. Valiente es inspiración continua, es mi soplo vital una estrella y una duna, o una Cruza quizás.

(Zune 2013) 

LA MIRADA DE MARTÍN

El margen de diferencia que hay entre la tierra y mi ventana son siete pisos. A esta altura puedo mirar el rostro de las montañas sin distancias. El cielo parece cubrir mi cabeza como un sombrero y en ocasiones tengo que agacharme para evitar que alguna golondrina tome por pista de aterrizaje mi tupida mollera.

Me basta la luz del sol para despertar, ya mi madre me ha dejado en la mesa de noche el bolso preparado con mi desayuno, sus labios untados de carmín me recuerdan el eterno ritual que acompañan las horas antes de ir al colegio. La corneta del transporte comienza a repiquetear desde más allá del portón de la entrada de las residencias. Los minutos y horas que transcurren en la clase parecen sueños que se repiten día tras día. Salvo ciertas novedades que interrumpen la monotonía. Hoy por ejemplo la maestra encontró a Claudia y a Fermín dándose un beso detrás de la cancha. Citación de representantes y una charla en clase sobre las consecuencias de los enamoramientos entre adolescentes en futura formación.

La hora de salida constituye una carrera a galope en donde sobrevive el que llegue más rápido al transporte. En la entrada del edificio saludo a Elvis, mi amigo el conserje, que a esa hora barre las escaleras de la primera planta. Tomo el ascensor hasta el piso 7. Abro la reja y después la puerta de madera. Cierro. Dejo el bolso encima del mueble, corro al baño a orinar. Me quito la ropa y la amontono sobre la cama, prendo la tele y sintonizo Discovery, voy a la cocina, tomo la vianda que esta encima de la mesa, coloco la comida a calentar en el micro, abro la nevera, destapo una malta, el timbre del microondas me anuncia que ya está lista la comida. Con la vianda en una mano y la malta en otra voy caminando despacio hacia mi cuarto. Me subo a la cama, veo la tele y comienzo a comer.

Justo a las tres de la tarde, el extraño ruido que hacen las palomas en la ventana del baño me despiertan. Recojo con pausados movimientos la vianda y la botella de malta debajo de la cama, voy a la cocina, lavo la vianda, recojo el bolso del mueble, lo arrastro al cuarto de la computadora. Prendo la compu, abro el explorer y empiezo a buscar el tema del proyecto: Consecuencias de la Guerra de Independencia en la Actualidad Venezolana. Corto y pego nombres en un documento World: Boves, Simón Bolívar, Zamora, Ribas, Sucre…pero nada de la actualidad en Venezuela. Imprimo las hojas y las escondo en el cuaderno. La otra tarea es leer sobre los métodos anticonceptivos. Busco sobre ellos en otra página. De nuevo, recorto, pego e imprimo, apago la computadora, hoy no quiero jugar.

Voy al cuarto recojo el uniforme de la cama, lo guardo en el closet. Busco una galleta en la alacena de la cocina y veo el programa sobre catástrofes naturales. A las cuatro termina el programa, tomo la silla y me asomo a la ventana. En el estacionamiento del edificio viven cientos de gatos, grandes, pequeños y de todos colores. Corren sin parar persiguiéndose unos a otros. Cuando los carros se estacionan salen de los puestos y se van para el terreno baldío que hay al lado. En ese terreno viven dos rabipelados que salen en la tarde a cazar los pichones de azulejos que anidan entre los Cujíes. Las aves además son acechadas por un gran gavilán marrón que se lanza en picada desde los árboles del cementerio viejo hasta el terraplén. A esa hora las mamás dejan salir a los niños del edificio para que jueguen en la cancha. Hay una pandilla de cuatro chamitos que parecen ser de la torre 1, se trepan por el muro del estacionamiento y armados con sus chinas comienzan a matar las iguanas que a esa hora buscan asilo en las matas bajas del único Samán que queda en la abandonada parcela.

A las 5 escucho a mamá abriendo las puertas del apartamento, me saluda desde la sala, como siempre coloca la bolsa de pan y leche en la mesa de la cocina, va a su cuarto, se desviste, se baña. Cuando sale me da un beso en la frente y me echa la bendición, me pregunta cómo me fue. Yo le digo lo que hice en la escuela, cuando no pasa nada le invento un poco porque en la escuela casi siempre pasa lo mismo.

A las 6 mamá me da la cena, un pedazo de pan con queso amarillo y jamón, café con leche y gelatina. A las 6 y 15 llaman a mi mamá por teléfono. Ella habla calladita por el auricular como todos los días una hora aproximadamente. A las 7 y 20 va a la cocina, friega, llena las jarras de agua, hace el almuerzo del día siguiente, lo coloca en dos viandas. A las 8 prende la tele de su cuarto para ver Doctor House, a las 9 va a mi cuarto e interrumpe mi rutina de ejercicios en la bicicleta. Me pide los cuadernos para corregir las tareas, lee las hojas que imprimí en la compu y me pregunta sobre el nombre de algunos héroes de la independencia y sobre la importancia de los métodos anticonceptivos. Luego me dice que antes de dormir vuelva a leer. Busco la pijama y me la pongo. Leo. A las 9 y media mi mamá vuelve al cuarto, me da la bendición y me arropa con la cobija. Apaga el televisor.

A las 10 con mucho cuidado arrimo la silla hacia la ventana, veo las estrellas y la luna como el cascarón vacío de algún barco pirata. En el terreno se escucha el maullar de gatos en celo. No sé porque me acuerdo de Claudia y Fermín. Me aturde el canto de los grillos y las voces de los muchachos que hablan en la planta baja. El estacionamiento está lleno de carros. A las 10 y 15 vuelvo a colocar silenciosamente la silla en su santo lugar. Me acuesto y me arropo. A esa hora también escucho el leve sonido que emite el llanto de mi madre desde su cuarto, y como fina garúa va humedeciendo los objetos, paredes, puertas y ventanas de nuestro hogar.

(Por: Zunemig Alexandra Pérez 2008)

¡¡¡¡¡¡Volvimos!!!!! y esta vez con algunas cositas para leer en Vacaciones

Agosto siempre fue la promesa de los días de fiesta, cuando niña, mi familia solía alquilar casas en la playa, para pasar las vacaciones. Después de largas mañanas de sol y tardes de río, animábamos la noche relatando historias escalofriantes que con su maravillosa voz nuestra tía improvisaba. Entre la oscuridad de los bambúes jugábamos las escondidas, esperando que algún duende noctambulo helara con su aliento entrecortado todos los vellos de nuestro cuerpo. Este pequeño poema infantil y las tres leyendas latinoamericanas que a continuación publico representan la nostalgia de aquellos azules y majestuosos días.


ESPANTOS DE AMÉRICA LATINA
Brasil (Caipora)


Caipora, El Padremonte Aparece en los bosques, y un gran silencio lo precede. Unos dicen que se manifiesta como un hombre peludo que monta sobre un puerco espín, otros afirman que es un cazador malencarado de pelo grueso y verde, con los pies volteados hacia atrás, hocico de zorro y orejas con las puntas hacia afuera, brazos largos que casi tocan el suelo y piernas muy gruesas; una turba de animales lo acompaña. Es cruel y demoníaco con los que no le dan tabaco y con los que hieren sus dominios. Caipora es una palabra tupí que significa habitante del bosque.


Venezuela (La Sayona)

La Sayona es el espectro de una mujer altísima, esquelética, arrastrando una larga cola de túnica negra y haciendo un ruido de huesos que chocan; no tiene ojos, sino un brillo de brasas encendidas en el fondo de las cuencas. Se aparece a altas horas de la noche a los hombres que tienen malos pensamientos, y los guía hasta un sitio solitario donde les muestra su rostro. Luego los hombres aparecen muertos, con la piel desgarrada. Huye cuando escucha el canto del gallo en la madrugada.


Colombia (El Sombrerón)



Aparece como un ser infernal que lleva un sombrero gigante que abarca desde la cabeza a las pantorrillas, o como alguien misterioso con un enorme sombrero y un vestido negro que gusta de perseguir a los jovencitos que comienzan a fumar y a los borrachos; de noche los sigue y les dice: “si te alcanzo te lo pongo”. En la provincia de Antioquia lo tienen como un jinete con un gran sombrero y una ruana negra, y si no va montado lleva gruesas cadenas y dos perros enormes; a su paso lo siguen fuertes vientos y huracanes. En Nicaragua es un hombrecito que cabe en la palma de la mano, que casi no se ve debajo de un sombrero de alas enormes y siempre lleva una guitarrita con la que embruja a las niñas bonitas; siempre va seguido de una recua de mulas cargadas de carbón.


La bruja en Jet
(Felisa Sonnoli)



En esta casa ruinosa
vive una bruja canosa.
Hasta ayer tenía encerrado
un embrujo con candado.

El candado se rompió
y el embrujo se escapó.
¡Pobre bruja sin embrujo!
¿Se acabó el mal que produjo?

Esta bruja tonta y sola
no viaja más en escoba.
Y como lo puedes ver
ahora solo viaja en "jet".

¿Adónde ha ido a parar
esta señora en su andar?
Me lo ha dicho un mensajero
venido del extranjero.

En otra casa ruinosa
de una villa muy famosa,
ella instaló su taller,
con sus "cucos" otra vez.

Tiene una mona vestida
de mucama divertida,
y un sapito de portero,
que juega con un balero.

Pero no hace maleficios.
Ha perdido hasta su oficio
de armar líos ella sola.
¡Pobre bruja sin escoba!

Texto del poeta venezolano Paz Castillo.Ilustraciones por:Vicky Sempere

EL PRÍNCIPE MORO

Yo conozco un cuento de un príncipe moro
que hallo en el fondo del mar un tesoro
.

Cuéntanos el cuento del príncipe moro.

Un hada muy mala lo hiso pordiosero,
le quito su reino con todo el dinero
y todas las cosas que en el reino había.

El príncipe andando al fin vio un lugar,
se le acerco a un hombre y le quiso hablar
mas, como era moro nadie le entendía.

y por fuerza, el pobre, tuvo que callar.


Un día el príncipe, cansado de andar,
quiso arrojarse de cabeza al mar.
Adiós patria mía, le dijo a las olas,
cielos de mi tierra, costas españolas
que no veré más. Adiós vida, adiós.

Del fondo del agua surgió una voz,
diríase el canto de una sirena,
que le lleno el canto con su melodía,
y el príncipe inmóvil, clavado en la arena,
miro que del fondo del agua salía
una linda moza de carne morena:
Era el hada mora que lo protegía.

Príncipe, dijo, tu voz, tu tristeza
cruzaron las aguas y me han conmovido.
Le tendió las manos sobre la cabeza
y el príncipe vio su reino perdido.
Allí está mi reino, dijo alucinado enseñando el vago azul del mar.

¡Oh! Príncipe mío, no lo has conquistado
Aún, dijo el hada
...Hay que trabajar...
Y le dio un anzuelo para que pescara.
Atado a la punta de larga vara
El cordel tenía anzuelo y plomada;
Luego entre las ondas, se fue hundiendo el hada
Sobre la infinita dulzura del mar.

El príncipe, entonces, se puso a pescar.
Y pasaron días…y no pesco nada.
Su vida se hiso cada vez más dura.
Apenas tenía prendas de vestir.

Le llegaron horas de hambre y de amargura
Y estaba cansado hasta de vivir.

Por fin el anzuelo trajo un pescadito
que era como la luz del sol:
el ojo vivaz, el cuerpo chiquito
y coloradito como un caracol.

Al ver al buen moro le dijo al oído:
Tírate en las aguas conmigo en la mano.
¿Y él se tiró?


Como un rayo el príncipe se lanzo atrevido
y bajo hasta el fondo del mismo océano


Y cuando volvió,
con el pescadito aún en la mano,
estaba en las playas del reino perdido.
Frente a él, vestida por la luz del día,
con los pies desnudos en húmeda arena,
vio una linda moza de carne morena:

Era el hada mora que lo protegía.

¿Y el pescadito?

En sus manos se volvió un puñal.
Una voz muy suave como de cristal,
le dijo: príncipe atrevido,
vete a tu palacio, entra decidido,
que a tu paso franco se abrirá el portal.

Tus viejos sirvientes, los que te han criado,
saldrán para verte, y, alborozado,
Antonio, tu ayo, aquel viejecito
que sobre tus hombros te llevo a cabrito
tartamudeando, ansioso de hablarte,
con sus nobles barbas barrerá la alfombra
príncipe querido para saludarte.


Mas si el hada mala se acerca en la sombra
y te dice amores, y amante te nombra
no escuches sus voces. Húndele en el pecho
el puñal que llevas del lado derecho
del cinto.


Bueno ¿y qué pasó?

Que el príncipe tonto se quedo encantado
oyendo sus voces, y el reino encontrado
de nuevo perdió.

¿Y el puñalito?
Se tornó pescado y se volvió a la mar.

¿Y el príncipe?

Como le quedo el anzuelo
dicen que de nuevo se puso a pescar…
 

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